sábado, 17 de julio de 2010

#004 | drabble.

Estoy preocupada (otra vez) porque he tenido ganas de matarte (otra vez). Te sorprendería saber que la mitad de las veces que sonrío sin motivo aparente estoy fantaseando con lamerte las manos y limpiarlas de sangre. Suena horrible, depravado, hasta yo lo sé. Oh, cariño, vas a tener que disculparme. ¿Pero quién enseña de qué manera debe una persona excusarse a otra por desear asesinarlo? No, tú deberías matarme a mí, porque estoy enferma. Enferma por todo de ti, (ya me has devorado y apenas queda mi sombra y mis intentos, soy polvo en una tumba sin cerrar). Mis huesos blancos se pudren ante ti, pero cierras los ojos, me sonríes, me cubres de flores. Tal vez ni siquiera me miras. Tal vez te niegas a ver. No lo sé, ¿cómo voy a saberlo? Pero, ¡querido!, qué feliz me haces, la verdad. Ya, ya. Lo de siempre. Eso con lo que me duermo bajo la lengua, las palabras que palpitan en mis venas y los colores que me pintan el podrido corazón. Abandóname detrás de los rosales a morir, por favor. Antes de que te muerda, te mate y tu me sigas comiendo.
(Oh, ya sé). ¿De qué hablas?, estás pensando. ¿Comerte, yo? Sí, por supuesto. Porque te amo, pero te odio porque me hiciste amarte, entonces ¡para desgracia tuya y placer mío...! Debo acabar con tu vida. Qué melodramático. La verdad es que solo quiero disolver tu grito de dolor con un beso, enterrar el filo del cuchillo en lo más hondo de ti, hundir mis manos en tu sangre. No vamos a ser uno. No te «amo hasta la muerte». El amor que siento por ti y el deseo de escuchar tu último aliento son cosas muy diferentes. Terriblemente diferentes.
Estoy preocupada (otra vez) porque sé que será muy fácil matarte. Estoy preocupada (otra vez) porque ya lo he hecho. Pero no voy a preocuparme porque me encuentren. Eso no me importa. A fin de cuentas, yo aún... Lo siento, querido.

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