miércoles, 28 de julio de 2010

#005 | extracto.

—¿Cuántas de azúcar?
—Depende. ¿Cuántas necesito para creer que le pusiste LSD?
En cuanto probé el café pensé que me había muerto, estaba en el paraíso o sufriendo el último estertor de vida, ese en el cual generalmente tienes un orgasmo por la sobrecarga sensorial. Que no estaría nada mal, porque desde Mike Newton, el chico con el que inicialmente congenié porque también vivió en Arizona (y luego fue afortunado y se largó allí otra vez), no ha... Quiero decir, no hay demasiada actividad, ¿entiendes?
Mi comportamiento para pensar es el siguiente: pros y contras. No es nada nuevo, ¿verdad? No. Muy bien, ahora, atentamente... los puntos malos de vivir en Forks (todo). La lluvia, la humedad, la Universidad ridículamente fácil, las cotillas como Jessica Stanley, las pesadas como Lauren Mallory, la lluvia, convivir con el conocimiento de que Rosalie se regodeaba bajo el sol en algún bonito lugar de California, soportar los intentos sutiles de mi padre de liarme con el hijo de su mejor amigo (y yo voy en contra de la pedofilia, ¡tiene quince años!), y la lluvia. Oh, ¡el frío!
La parte buena: no podía pensar en nada exacto en ese momento, pero mi camarero era guapísimo y no había salido corriendo cuando yo mencioné el LSD. Mientras lo miraba, recapacité sobre mi odio al verde.
—Sabes qué —dije—, te has pasado con el azúcar. Estoy drogada.
Puso cara de apuros.
—¡Felicitaciones! Te besaría, pero eso podría considerarse acoso sexual.
Drugstore; Edward/Bella. Oneshot (próximamente).

1 comentarios:

FloresDeTarde dijo...

Me encanto, oragasmo (? :P

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